SALOMÉ, LA OBRA DE UN GENIO

Salomé, de Richard Strauss, es el título de ópera que se ofrecerá los días 10 y 13 de marzo en el Teatro Principal. La Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, junto con voces de primer nivel, serán los artistas que compartirán escenario en un concierto semi-escenificado.

Para conocer un poco más acerca de este título de ópera hablamos con el director musical Guillermo García Calvo. Nacido en Madrid, se graduó en la Universidad de Música de Viena. En abril de 2013 debutó con la London Symphony Orchestra, en el Barbican Centre de Londres, en la gala Juan Diego Flórez and Friends.

Ha dirigido, entre otras, las siguientes formaciones: London Symphony Orchestra, ORF Radio-Sypmhonieorchester Viena, Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken-Kaiserslautern, Orquesta Nacional de Letonia, Orchestre de Chambre de Genève, Orquesta de Valencia, Orquesta Sinfónica de Barcelona, Orquesta Sinfónica de la RTVE y Orquesta Sinfónica de Madrid.

P: ¿Cómo describiría musicalmente/técnicamente Salomé?

R: Salomé es romper los límites, fronteras y descubrir nuevos mundos. Es la obra de un genio que se inspiró en un libreto fantástico lleno de imágenes y simbolismo que al fin y al cabo, analiza las partes más oscuras de nuestro interior como seres humanos. Un conjunto de elementos que le sirvió para inspirar a Richard Strauss, para explorar los límites de la tonalidad, del lenguaje armónico convencional y llegar a escribir pasajes bitonales y en otros casos atonales. Es decir, como música es casi un terreno nuevo, un planeta nuevo que no se sabía que existía.

A nivel técnico es una de las obras más difíciles que hay para orquesta porque exige muchísimos aspectos. En este caso, todos los instrumentos tienen que emplearse a fondo. Además de un gran dominio del instrumento, hay que tener una gran implicación emocional porque Salomé es como un gran poema sinfónico. Hay que recordar que Strauss, antes de escribir este título de ópera, había escrito todos sus grandes poemas sinfónicos que conocemos como Zaratustra, Vida de Héroe, Don Quijote, Muerte transfiguración etc.

Tenía una grandísima experiencia escribiendo música programática, es decir, en la descripción de situaciones y momentos literarios. En Salomé la manera de usar los “Late Motivs” no solo desarrolla lo que hizo Wagner sino que además, le da la impronta suya que había aprendido escribiendo poemas sinfónicos. Por lo que los músicos, no solo requieren una capacidad técnica del instrumento, sino también en la trama, en el momento que están viviendo.

Por último, en Salomé, hay pasajes de muchos contrastes. Hay fragmentos camerísticos, muy tonales, transparentes, impresionistas, virtuosísticos, muy rápidos y muy lentos. Exige una gran flexibilidad y saber cambiar en muy pocos compases de carácter, de sonido, de actitud a la hora de tocar.

P: ¿En esta ópera la orquesta ejerce un rol de conductor de la ópera en vez de acompañamiento?

R: Exactamente. Totalmente. La ópera está en la orquestación de Strauss. Los personajes son casi instrumentos con palabras que salen de todo ese entramado de sonidos y eso es lo que lo hace tan fascinante.

P: ¿Qué diferencia hay entre dirigir una ópera escenificada y semi-escinificada?

R: Es una cuestión de la situación en el escenario. Yo tengo los cantantes detrás pero no hay ningún problema. Delante mía hay una cámara que emite mi imagen frontal a través de unas pantallas que están localizadas alrededor del teatro. De esta forma, yo les puedo dar las entradas a los cantantes sin ningún problema. A la vez es un poco incómodo porque yo no puedo ver cuando ellos respiran. Por esta razón, una ópera escenificada es más sencillo y natural.

P: ¿Cree que esta ópera a pesar de ser de principios del siglo XX resulta actual?

R: Sí. Es una obra sobre nuestras caras más ocultas, sobre la perversión, la patologías sexuales, tabúes y todo eso es que acompaña a la humanidad independientemente del contexto histórico.

P: Es la primera vez que viene a la OSIB ¿cómo ha ido esta nueva experiencia con la orquesta?

R: Maravilloso. Tengo que decir que cuando yo llegué Martín Baeza Rubio hizo un gran trabajo con la orquesta por lo que yo no empecé de cero en Salomé. Una de las cosas que más me ha gustado de la orquesta es la disciplina, un ambiente muy amigable. Ha sido muy curioso que pese a ser 80 músicos sobre el escenario se respira un clima muy acogedor. Les he notado a todos muy implicados.

P: ¿Qué supone una orquesta para cualquier ciudad?

R: Para mi una orquesta es imprescindible para una ciudad. Da inspiración a la gente, consuelo, emociones, permite vivir sueños, ser más feliz, disfrutar con el contacto con los músicos. El ser humano ama la música. No concibo un mundo sin música o sin orquestas.

P: ¿Cuál es el secreto de su éxito?

R: No tengo ningún secreto, lo único que podría ser es que siempre estoy cuestionándome todo. Intento revisarme a mi mismo continuamente. Tengo distintas formas de estudio, cada temporada es distinta (a veces tienes mas contratos en ópera o sinfónicos, en un país o en otro), muy heterogéneo y es todo como una búsqueda continua.

Quizá mi secreto sea la perseverancia, porque como me gusta tanto la música siempre estoy estudiándola. Además, me encanta la parte humana. Todas las personas que he conocido a través de la música (también mi pareja y mis mejores amigos) me enriquecen tanto la vida y sigo en contacto con ellos que al fin y al cabo son todos parte de la música. La música es mi vida.